Mis pasajeros preferidos: viajar en taxi con mis hijos, el camino de mi vida

Mis pasajeros preferidos: mis hijos, el verdadero viaje de mi vida en taxi

Hay pasajeros que suben y bajan. Y luego están los que nunca se van. En el taxi pasan miles de personas cada año, pero hay dos pasajeros que permanecen siempre conmigo. Mis pasajeros preferidos, mis primeros clientes, mis hijos.

Conduciendo vidas antes que un taxi

Antes incluso de conducir un taxi por las calles de Madrid, ya conducía vidas: la mía y la suya. Desde entonces hemos compartido viajes tristes, dulces, divertidos y también difíciles. Viajes cortos y largos, reales y emocionales, entre casa y el colegio, o escapadas de fin de semana a la sierra de Guadarrama, donde el aire parecía ordenar los pensamientos.

Kilómetros que se convierten en recuerdos

Algunos trayectos se hicieron memoria. Los caminos hacia Cadavo, en Lugo, Galicia, con ese verde que se te queda dentro. Los veranos en Llanes, Asturias, donde el mar nos enseñó a respirar despacio. Las reuniones familiares rumbo a Torrevieja, mucha playa, risas y abrazos que solo se dan cuando uno llega.

Hemos recorrido juntos un camino diferente y único, lleno de altibajos. Un camino que nos ha hecho como somos: imperfectos, resistentes y profundamente unidos. El taxi estaba, el taxi está y quizá permanezca siempre entre nosotros y entre los que vienen detrás, como un hilo invisible que nos une.

Nuevos caminos, mismos vínculos

Hubo también otros viajes distintos, casi simbólicos. Recorrer caminos por Canadá a golpe de pedal, removiendo recuerdos y descubriendo otros nuevos. Paisajes que se mezclan con pensamientos, recuerdos que se recolocan mientras el cuerpo avanza. Caminos que no olvidaremos, sobretodo a golpe del ruido del agua que cae o permance quieta como si no hubiera pasado nada, subiendo al cielo para luego caer.

Y cómo olvidar aquel día de taxi rumbo a Oporto para ver un España–Grecia. Un viaje para gritar, para desahogarnos, para soltar tensiones acumuladas. Un día de fútbol de selección que fue mucho más que fútbol: fue complicidad, fue escape, fue estar juntos cuando hacía falta.

El asiento trasero también guarda historias

Ahora, delante de este texto y cerca de la Navidad, afloran recuerdos de todo tipo: algunos cálidos, otros incluso amenazantes. Recuerdo aquel día en que discutíais sin parar en el asiento trasero, siendo unos enanos, y yo conducía con una tensión tremenda por las circunstancias.

Os amenacé con dejaros en la acera si no parábais de discutir. Todavía recuerdo el momento y el sitio: cerca de la estación de Empalme, en Aluche. No estaba lejos de casa.

Callasteis al instante. Preferíais seguir conmigo. Y aquí seguimos.

Mis hijos, mi verdadero camino

Mis niños. Mi verdadero viaje. Mis manos. Mis sentidos.

Agradezco vuestro esfuerzo por entenderme y acompañarme. Gracias por cada momento vivido y por todos los que vendrán. Gracias por subiros cada día a este taxi que no siempre ha sido fácil, pero siempre ha sido nuestro.

Mis hijos. Mi vida.

Por Azucena – TurisTaxi

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